20 Poemas de Jícaras Tristes | Alfredo Espino Poesía

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Presentación: Jícaras Tristes Antología Poética Alfredo Espino.

¡Hola, amiguitos! Disfruten de los 20 Mejores Poemas de Jícaras Tristes del poeta y escritor salvadoreño Alfredo Espino.
Toda la Obra Poética del Libro JÍCARAS TRISTES la pueden disfrutar en mi Canal de Youtube: Valentina Zoe Tv.

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UN RANCHO Y UN LUCERO

[Poema Completo]

Un día —primero Dios!—
has de quererme un poquito.
Yo levantaré el ranchito
en que vivamos los dos.

¿Qué más pedir? Con tu amor,
mi rancho, un árbol, un perro,
y enfrente el cielo y el cerro
y el cafetalito en flor…

Y entre aroma de saúcos,
un zenzontle que cantara
y una poza que copiara
pajaritos y bejucos.

Lo que los pobres queremos,
lo que los pobres amamos,
eso que tanto adoramos
porque es lo que no tenemos…

Con sólo eso, vida mía;
con sólo eso:
con mi verso, con tu beso,
lo demás nos sobraría…

Porque no hay nada mejor
que un monte, un rancho, un lucero,
cuando se tiene un “te quiero”
y huele a sendas en flor…

Alfredo Espino.

EL NIDO

[Poema Completo]

Es porque un pajarito de la montaña ha hecho,

en el hueco de un árbol, su nido matinal,

que el árbol amanece con música en el pecho,

como que si tuviera corazón musical.

Si el dulce pajarito por entre el hueco asoma,

para beber rocío, para beber aroma,

el árbol de la sierra me da la sensación

de que se le ha salido, cantando, el corazón.

Alfredo Espino.

LAS MANOS DE MI MADRE

[Poema Completo]

Manos las de mi madre, tan acariciadoras,
tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras.
¡Solo ellas son las santas, solo ellas son las que aman,
las que todo prodigan y nada me reclaman!
¡Las que por aliviarme de dudas y querellas,
me sacan las espinas y se las clavan en ellas!

Para el ardor ingrato de recónditas penas,
no hay como la frescura de esas dos azucenas.
¡Ellas cuando la vida deja mis flores mustias
son dos milagros blancos apaciguando angustias!
Y cuando del destino me acosan las maldades,
son dos alas de paz sobre mis tempestades.

Ellas son las celestes; las milagrosas, ellas,
porque hacen que en mi sombra me florezcan estrellas.
Para el dolor, caricias; para el pesar, unción;
¡Son las únicas manos que tienen corazón!
(Rosal de rosas blancas de tersuras eternas:
aprended de blancuras en las manos maternas).

Yo que llevo en el alma las dudas escondidas,
cuando tengo las alas de la ilusión caídas,
¡Las manos maternales aquí en mi pecho son
como dos alas quietas sobre mi corazón!
¡Las manos de mi madre saben borrar tristezas!
¡Las manos de mi madre perfuman con terneza!

Alfredo Espino.

ARBOL DE FUEGO

[Poema Completo]

Son tan vivos los rubores
de tus flores, raro amigo,
que yo a tus flores les digo:
“Corazones hechos flores”.

Y a pensar a veces llego:
Si este árbol labios se hiciera…
¡ah, cuánto beso naciera
de tantos labios de fuego…!

Amigo: qué lindos trajes
te ha regalado el Señor;
te prefirió con su amor
vistiendo de celajes…

Qué bueno el cielo contigo,
árbol de la tierra mía…
Con el alma te bendigo,
porque me das tu poesía…

Bajo un jardín de celajes,
al verte estuve creyendo
que ya el sol se estaba hundiendo
adentro de tus ramajes.

Alfredo Espino.

CAÑAL EN FLOR

[Poema Completo]

Eran mares los cañales
que yo contemplaba un día
(mi barca de fantasía
bogaba sobre esos mares).

El cañal no se enguirnalda
como los mares, de espumas;
sus flores más bien son plumas
sobre espadas de esmeralda…

Los vientos -niños perversos-
bajan desde las montañas,
y se oyen entre las cañas
como deshojando versos…

Mientras el hombre es infiel,
tan buenos son los cañales,
porque teniendo puñales,
se dejan robar la miel…

Y qué triste la molienda
aunque vuela por la hacienda
de la alegría el tropel,
porque destrozan entrañas
los trapiches y las cañas…
¡Vierten lagrimas de miel!

Alfredo Espino.

VIENTOS DE OCTUBRE

[Poema Completo]

(A la luz del fogón)

¡Quizás ya no venga! ¿No s’hia dado cuenta
de que están soplando los vientos de octubre
y que el barrilete vuela, y ya no cubre
como antes al cerro, nube de tormenta?
Hoy s’iajusta el año y él me dijo: “Anita,
entre algunos días regreso por vos”;
pero no lo quiso quizá tata Dios
¿Verdá, madrecita?

Cuando veyo el rancho de paja, el ranchito
q’él estaba haciendo pegado a la güerta,
y veyo tan sola y cerrada la puerta
y yeno de montes aquel caminito,
siento que me muerde, aquí dentro, un dolor,
y que l’alegría también se me ha ido,
y me siento agora, lo mesmo que un nido
que no tiene pájaros, ni tiene calor…

Naide me lo ha dicho, pero es la verdá.
En la madrugada tuve un mal agüero:
se estaba apagando, mamita, el lucero
detrás de aquel cerro que se mira allá,
y asina s’iapaga también lo que quiero…

No tengo ni ganas de mirar p’ajuera.
¿Qué l’hiace que vengan, que vengan los vientos
si a mis sufrimientos
nada güeno traen de lo que quisiera?
Ciérreme la puerta. Siento que me cubre
un frío las manos, Dios sabe qué tienen…
¿Qué no s’hia fijado lo tristes que vienen
agora los vientos,
los vientos de otubre?

Alfredo Espino.

LA TARDE EN EL PUEBLO

[Poema Completo]

Esta tarde de enero no tiene la pureza
de aquella tarde muerta que ya echaste al olvido;
sobre la misma hierba, cansada, se ha tendido,
y enferma de recuerdos, la hermanita tristeza…

Sin embargo es la misma transparente belleza…
El viejo campanario, y el paredón florido,
y el amate a la vera de la senda erigido
con los brazos abiertos a la humilde pobreza.

De las casas hincadas bajo de la arboleda,
la tarde está agitando sus pañuelos de seda,
y la vida en el pueblo pisa alfombras de calma.

…Y yo no quiero nada: me dejo de ser mío,
porque sobre el camino —largo como un hastío—
persiguiendo tu sombra se va toda mi alma…

Alfredo Espino.

ASCENSION

[Poema Completo]

¡Dos alas!… ¡Quién tuviera dos alas para el vuelo!…
Esta tarde, en la cumbre, casi las he tenido.
¡Desde aquí veo el mar, tan azul, tan dormido,
que si no hiera un mar, bien sería otro cielo!…

Cumbres, divinas cumbres, excelsos miradores…
¡Qué pequeños los hombres! No llegan los rumores
de allá abajo, del cieno; ni el grito horripilante
con que aúlla el deseo, ni el clamor desbordante
de las malas pasiones… Lo rastrero no sube:
esta cumbre es el reino del pájaro y la nube…

Aquí he visto una cosa muy más dulce y extraña,
como es la de haber visto llorando una montaña…
el agua brota lenta, y en su remanso brilla
la luz; un ternerito viene, y luego se arrodilla
al borde del estanque, y al doblar la testuz,
por beber agua limpia, bebe agua y bebe luz …

Y luego se oye un ruido por lomas y floresta,
como si una tormenta rodara por la cuesta:
animales que vienen con una fiebre extraña
a beberse las lágrimas que llora la montaña.

Va llegando la noche. Ya no se mira el mar.
Y qué asco y qué tristeza comenzar a bajar…
(¡Quién tuviera dos alas, dos alas para un vuelo!
Esta tarde, en la cumbre, casi las he tenido,
con el loco deseo de haberlas extendido
sobre aquel mar dormido que parecía un cielo!)

Un río entre verdores se pierde a mis espaldas,
como un hilo de plata que enhebrara esmeraldas…

Alfredo Espino.

BALSA DE FLORES

[Poema Completo]

Aquel caserío tenía un modo
de ser, especial:
el aire más fresco, más limpio, y todo,
¡todo era un paisaje pintado en cristal!

Por lo suave y dulce, por lo plañidera,
la voz de las aves casi era un suspiro…
Y era azul la sierra, la sierra lejana, cual si uno la viera
Detrás de un zafiro…

Para la tristeza de aquellos senderos
tenían las flores perfumadas frases;
y en los tamarindos, con los clarineros,
gemían zenzontles, lloraban torcaces…

Los ranchos de tejas por el sol doradas,
agrestes surgían entre el rumoroso verdor de las cañas,
y los limoneros dábanle sus sombras aterciopeladas
al balcón abierto frente a las montañas.

Y tú eras la esquiva, morena poblana;
y yo era el viajero lleno de ilusión;
y cuando asomabas ¡qué linda se hacía la alegre mañana
como si brotaran rosas del balcón!…

Y balsa de flores fueron tus amores,
morena, poblana, miel de los cañales…
Y mi amor fue el agua que lloró raudales
para que flotara la balsa de flores…

Alfredo Espino.

LOS OJOS DE LA CRIOLLA

[Poema Completo]

Unas veces es clara, y otras veces trigueña
cual la tierra quemada por el fuego del sol…
La criolla que en los labios lleva un tenue arrebol
y en los ojos oscuros lleva un alma que sueña…

Cuando lloran las cuerdas de una triste guitarra,
se le tiñen los ojos de un color de ilusión
y del cálido pecho se le va el corazón,
cuando lloran las cuerdas de una triste guitarra…

En las pálidas horas de las noches de luna,
bajo el toldo discreto del amate sombrío,
le reflejan los ojos cual las ondas de un río
en las pálidas horas de las noches de luna…

Cuando va los domingos a la iglesia cercana,
con sus ojos oscuros de color de aceituna,
los piropos la siguen y el amor la importuna,
cuando va los domingos a la iglesia cercana…

Cuando lloran las cuerdas de una dulce guitarra,
en las pálidas horas de las noches de luna,
se entristecen sus ojos de color de aceituna,
cuando lloran las cuerdas de una dulce guitarra.

Alfredo Espino.

EL DULCE ANHELO

[Poema Completo]

Aquellos tiempos eran corno de un cuento rosa…
En los dorados patios, la “Flor de San Andrés”
llenaba de oro el suave silencio del hogar,
y las estrellas claras temblaban en la pila…

Entonces yo creía que el mundo era un gran patio
todo lleno de flores y pílas con luceros;
miraba las montañas, y las creía enormes
espaldas, sosteniendo la cúpula del cielo…

Una vez, a la Virgen Dolorosa, que estaba
en la penumbra quieta del tibio dormitorio,
le encendí una candela… Yo quería el milagro
de que me aparecieran monedas en mi cofre.

(Y aquella Virgen pálida me causaba una angustia
al mirarle los ojos mojados de amargura…
Pero yo le rogaba, le pedía perdón,
cuando por travesura mataba un pajarito…)

Después… el dulce encanto, se fue.., se fue…
(borrando.
Se fue borrando el tiempo que parecía un cuento…
La vida no era un patio con pilas y con flores
y ya no le pedía milagros a la Virgen…
Y al tener los quince años, cuando leí “María”
recuerdo que me puso muchos días enfermo,
y más de alguna lágrima se me saltó a los ojos;
tenía el ansia triste de ser como Efraín.

Estos recuerdos entran por mi ventana abierta,
(Oh, mis patios callados llenos de pajaritos
y la ventana humilde cuyo marco encerraba
un pedazo de cielo, que a los ojos fingía
un gran pañuelo azul…)

Alfredo Espino.

LUNA EN EL RANCHO

[Poema Completo]

Vagar, soñando versos, en silentes caminos,
con la dorada lluvia del sol sobre tu frente;
y en un tronco sentados, mirarme largamente
en las dormidas aguas de tus ojos hialinos…

“Y qué linda”, dijeran al verte, campesinos
de esos que con sus vacas van buscando una fuente,
y yo: “Sus ojos miran, miran más dulcemente
que dos estrellas blancas en cielos vespertinos”.

Y tú te sonreirías sin vanidad ninguna;
después en nuestro rancho se entraría la luna
y ladraría al vernos, el perro blanco y fiel…

Como el café maduro fuera tu boca, mía,
y en el rancho con luna, mi boca bebería
en la flor de tus labios, un “te quiero” de miel.

Alfredo Espino.

LOS OJOS DE LOS BUEYES

[Poema Completo]

¡Los he visto tan tristes, que me cuesta pensar
cómo siendo tan tristes, nunca puedan llorar!…

Y siempre son así: ya sea que la tarde
los bese con sus besos de suaves arreboles,
o que la noche clara los mire con sus soles,
o que la fronda alegre con su sombra los guarde…

Ya ascendiendo la cuesta que lleva al caserío,
entre glaucas hileras de cafetos en flor…
o mirando las aguas de algún murmurador
arroyuelo que corre bajo un bosque sombrío…

¿Qué tendrán esos ojos que siempre están soñando
y siempre están abiertos?…
¡Siempre húmedos y vagos y sombríos e inciertos,
cual si siempre estuviesen en silencio implorando!

Una vez, en la senda de una gruta florida
yo vi un buey solitario que miraba los suelos
con insistencia larga, como si en sus anhelos
fuera buscando, ansioso, la libertad perdida…

Y otra vez bajo un árbol y junto a la carreta
cargada de manojos, y más tarde en la hondura
de una limpia quebrada, y en la inmensa llanura,
y a la luz de un ocaso de púrpura y violeta…

¡Siempre tristes y vagos los ojos de esos reyes
que ahora son esclavos! Yo no puedo pensar
cómo, siendo tan tristes, nunca puedan llorar
los ojos de los bueyes…

Alfredo Espino.

LA TÓRTOLA

[Poema Completo]

¡Cucú, cucú! ¿Estás gimiendo,
tórtola del arrozal?
¡Mirá que me estás haciendo
con tu cantar, mucho mal!

¡Cucú, cucú! El caserío
se va llenando de calma,
¡y un naranjo y una palma
se están besando en el río…!

Cantarito que te llenas
con el agua del riachuelo:
¡Qué bello es mirar el cielo
bajo las tardes serenas!

Lirio del campo, morena
que hueles a leche y rosas:
¡Cómo el alma es tan dichosa
cuando la vida es serena…!

Entre sonrosadas galas
la tarde se va durmiendo.
Tórtola que está gimiendo:
¡Si eres madrigal con alas!

Alfredo Espino.

LOS PERICOS PASAN…

[Poema Completo]

La tarde despierta de su sueño cuando
la alígera nube despunta cantando…

Una nube de alas… una alegre nube
que baja, que sube…

Son ellos Se alejan entre llano y cielo
Son las esmeraldas de un collar en vuelo…

Bulliciosamente
trazan una verde curva en el ambiente.
¿Van a los palmares de ondeante abanico?
Ellos van a donde les apunta el pico…

Se alejan, se alejan pero van tan juntos,
que más bien parecen renglones de puntos…

Y en un llano caen, así como cuando…
como cuando un árbol se está deshojando…

Alfredo Espino.

HUERTOS NATIVOS

[Poema Completo]

Bajo toldos de rubios naranjales
serpentea el camino polvoriento
todo lleno de aromas y de viento,
lleno de músicas primaverales.

A las primeras luces matinales
pasa el ganado con su paso lento…
y va el gañán detrás, sucio y mugriento
cabalgando en su potro a los corrales.

Junto a la vieja puerta la ubre ordeña
y la leche, aromada, y espumante,
burbujea en la jarra rebosante.
Y el sol, a su caricia lugareña
enciende el naranjal, fresco y sonoro
cual si puñadas le arrojase, de oro…

De entre el verde follaje, la cabaña
destaca el techo rústico, pajizo.
A un lado está el bambú de áureo carrizo
crujiendo entre el verdor de la maraña.

Mece a lo lejos la flexible caña
su alto penacho, por el viento rizo
y al ondular, su cálamo macizo
alza el rumor de una canción extraña.

Entre belleza tanta no hay, empero,
una que al alma inspire más dulzura
que aquella lejanía de esmeralda,
recamada de virgen espesura…
surge de ahí una loma y en su falda
ondea su abanico un cocotero…

Alfredo Espino.

MAÑANITAS EN LOS CERROS

[Poema Completo]

Es el mes de las lluvias, y por este
motivo, la tierra viste un traje
de tupido verdor, y entre el ramaje
se ve un poquito menos lo celeste.

La casuca de campo está más blanca
bajo la blanca lumbre mañanera.
Ha crujido un bambú. La enredadera
está besando cielo en la barranca.

“Besando cielo”, dije, y no he mentido,
porque en toda hondonada silenciosa,
un poco de agua azul no es otra cosa
que un cielito entre flores escondido…

Se hace frescura el viento campesino
en el sendero angosto
¡Cómo se ve que Agosto
acaba de pasar por el camino!

Hemos andado mucho, y todavía
no se acaba el sendero;
¡pero gracias al último aguacero
ha amanecido tan amable el día!

De la paz de los ranchos unos perros
me salen a mirar…
Se me recoge el alma al penetrar
al silencio oloroso de los cerros.

¡Olor, olor a monte, a valle, a loma!
¡Cuánta canción de amor me trae el viento!
¡Ya en mi oído no cabe tanto acento!
¡Ya no cabe en mi pecho tanto aroma!

Alfredo Espino.

LA MUCHACHITA PALIDA

[Poema Completo]

Aquella muchachita pálida que vivía
pidiendo una limosna, de mesón en mesón,
en un umbral la hallaron al despuntar el día,
con las manitas yertas y mudo el corazón.

Nadie sabe quién era ni de dónde venía.
Su risa era una mueca de la desilusión.
Y estaba el sello amargo de la melancolía
perpetuado en dos hondas ojeras de carbón.

En las carnes humanas dejó el hambre sus rastros…
La miraron las nubes, lo supieron los astros…
El cielo llovió estrellas en la paz del suburbio…

Nadie sabe quién era la muchachita pálida…
Entre tanto —en la noche, la noche triste y cálida—
arrastrando luceros sigue el arroyo turbio…

Alfredo Espino.

LA FIESTA DEL BARRIO

[Poema Completo]

Chispean los tizones. En torno a los comales
alegres cuchichean las flamantes parejas,
y hay gritos infantiles, y hay regaños de viejas
y en las hojas cocidas hay humosos tamales.

Al soplo de las brisas ondulan sueltos chales
y esparcen los cabellos sus dóciles madejas
y los faroles rojos envían en las rejas
de los altos balcones, lumínicos raudales…

Las banderolas fingen bandadas de pañuelos,
y los pañuelos fingen bandadas de palomas,
y las chispas, que vuelan, fingen puntos y comas.

El agudo cohete rasga los infinitos
e intensamente alumbra noctívagos desvelos,
como rosas de fuego que reventara en gritos.

Alfredo Espino.

CANTEMOS LO NUESTRO

[Poema Completo]

¡Qué encanto el de la vida, silos natales vientos
en sus ligeras alas traen ecos perdidos
de músicas de arroyos y música de nidos,
como mansos preludios de blandos instrumentos!

¡Qué encanto el de la vida, si al amor del bohío,
y entre un intenso aroma de lirios y albahacas,
miramos los corrales donde mugen las vacas
y oímos las estrofas del murmurante río!..

El terruño es la fuente de las inspiraciones:
¡A qué buscar la dicha por suelos extranjeros,
si tenemos diciembres cuajados de luceros,
si tenemos octubres preñados de ilusiones!

No del Pagano Monte la musa inspiradora
desciende a las estancias de pálidos poetas:
en nuestra musa autóctona que habita en las glorietas
de púrpura y de nácar, donde muere la aurora.

Es nuestra indiana musa que, desde su cabaña,
desciende coronada de plumas de quetzales
a inspirarnos sencillos y tiernos madrigales,
olorosos a selva y a flores de montaña.

Vamos, pues, a soñar bajo tibios aleros
de naranjos en flor.., cabe los manantiales:
octubre nos regala sus rosas y vesperales;
diciembre las miríadas de todos sus luceros.

Alfredo Espino.

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Valentina Zoe